La colaboración de la comunidad, por el consentimiento y la elección, según el Nuevo Testamento / Rudolf Schnackenburg ; traducido por M. Gesteira
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ArtículoIdioma: Español Tema(s):
En: Revista internacional de teología Concilium Número 77, (julio - agosto, 1972), páginas: 18 - 30Resumen: Al pretender buscar en el Nuevo Testamento una orientación sobre el urgente problema de cómo los laicos, en cuanto sector fundamental del pueblo de Dios, han de participar en las decisiones y en la responsabilidad general de la Iglesia, es preciso comenzar señalando las características especiales que definen el período fundacional de la Iglesia. Los apóstoles, heraldos del evangelio, que habían recibido directamente su autoridad del Señor resucitado y que, a través de su predicación, fueron los primeros fundadores de las comunidades, ocuparon una posición excepcional en las iglesias debido a su vocación. Sin embargo, a causa de su actividad misionera, no se establecieron de forma sedentaria en una determinada comunidad local, de manera que pudiesen ejercitar en ella funciones de gobierno semejantes a las que ejercieron posteriormente los jefes de las iglesias locales. La mayor parte de las veces, las jóvenes comunidades misioneras tuvieron que configurar por sí mismas su existencia, creándose para ello sus propias estructuras.
| Tipo de ítem | Biblioteca actual | Colección | Signatura topográfica | Info Vol | Copia número | Estado | Fecha de vencimiento | Código de barras | |
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Revistas y Fascículos
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Biblioteca FUSBC Hemeroteca | Colección de Hemeroteca | (Navegar estantería(Abre debajo)) | Número 77 (1972) | Ej. 1 | Disponible | R2567 |
Al pretender buscar en el Nuevo Testamento una orientación sobre el urgente problema de cómo los laicos, en cuanto sector fundamental del pueblo de Dios, han de participar en las decisiones y en la responsabilidad general de la Iglesia, es preciso comenzar señalando las características especiales que definen el período fundacional de la Iglesia. Los apóstoles, heraldos del evangelio, que habían recibido directamente su autoridad del Señor resucitado y que, a través de su predicación, fueron los primeros fundadores de las comunidades, ocuparon una posición excepcional en las iglesias debido a su vocación. Sin embargo, a causa de su actividad misionera, no se establecieron de forma sedentaria en una determinada comunidad local, de manera que pudiesen ejercitar en ella funciones de gobierno semejantes a las que ejercieron posteriormente los jefes de las iglesias locales. La mayor parte de las veces, las jóvenes comunidades misioneras tuvieron que configurar por sí mismas su existencia, creándose para ello sus propias estructuras.
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