La cultura : cultivo del Mundo de Dios / Calvin Seerveld
Tipo de material:
ArtículoIdioma: Español Tema(s):
En: Certeza Número 71, (julio - diciembre, 1978) páginas: 198 - 199Resumen: El mandato cultural de Dios, el hombre lo puede lograr a través de la adoración. El objetivo cultural de los seguidores de Cristo es el de reformar, es ser usados por el Espíritu santo para transformar lo que antepasados han hecho con sus tradiciones.
El objetivo cultural de los seguidores de Cristo es plantar y regar los jardines que él nutre con su raíz, erigir edificios sobre la roca de su fundamento. Es ponerlo todo desde arrancar hierbas hasta escribir sinfonías- en sujeción a la Palabra de Dios, puesto que todo lo que la creación ofrece le pertenece a él por derecho propio. Esta tarea de juntar, de reunir las riquezas del mundo, viene a ser al mismo tiempo una ofrenda que conforma el verdadero sacrificio vivo de un corazón cautivo, la cual es aceptable al Santo Dios Creador del Cielo, el mar y la tierra.
| Tipo de ítem | Biblioteca actual | Colección | Signatura topográfica | Info Vol | Copia número | Estado | Fecha de vencimiento | Código de barras | |
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| SER | Biblioteca FUSBC Hemeroteca | Colección de Hemeroteca | Número 71 - 78 (1979 - 1982) | Ej. 1 | Disponible | R2611 |
El mandato cultural de Dios, el hombre lo puede lograr a través de la adoración. El objetivo cultural de los seguidores de Cristo es el de reformar, es ser usados por el Espíritu santo para transformar lo que antepasados han hecho con sus tradiciones.
El objetivo cultural de los seguidores de Cristo es plantar y regar los jardines que él nutre con su raíz, erigir edificios sobre la roca de su fundamento. Es ponerlo todo desde arrancar hierbas hasta escribir sinfonías- en sujeción a la Palabra de Dios, puesto que todo lo que la creación ofrece le pertenece a él por derecho propio. Esta tarea de juntar, de reunir las riquezas del mundo, viene a ser al mismo tiempo una ofrenda que conforma el verdadero sacrificio vivo de un corazón cautivo, la cual es aceptable al Santo Dios Creador del Cielo, el mar y la tierra.
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