Conversación con Miguel Angel Darino
/ Eduardo M. Ramírez
- Volumen 7, número 4 (diciembre, 1988), páginas: 30 - 32 ; 27 cm
La adoración auténtica debe involucrar por completo la mente, porque para el hombre es importante conocer a Dios fuera del uso de su mente. Y es tarea de la Iglesia el velar para que el culto guíe a la persona a la reflexión, a que la mente tome parte de la experiencia de la adoración. Negamos autenticidad al acto de adoración cuando nos preocupamos más por la experiencia de uno mismo, como individuo, que por lo que Dios habrá de recibir. El colmo de esta situación, que la mayoría de las veces es inconsciente, es el culto que coloca al individuo como centro de interés.