Al final, debemos aprender a definir nuestra iglesia como un reflejo de las necesidades y dones de aquellos que podrían ser incluidos en ella por la gracia de Dios, no sólo de aquellos que están dentro de ella. La dimensión de la iglesia no es nuestra, sino la elección de Dios, y la iglesia debe estar dispuesta y contenta de recibir todo lo que Dios envía. Quizás tendríamos menos miedo si consideramos el hecho de que los dones de Dios a menudo vienen en forma de otras personas. Excluimos a los demás porque tememos sus necesidades o diferencias.
Texto en inglés.
Iglesia Teología pastoral y unidad cristiana Dios Amor--Aspectos religiosos--Cristianismo