La vida y obra de San Ignacio no contienen ningún indicio de protesta. Contiene pocos elementos que comparten la inquebrantable oposición del profeta a las circunstancias intolerables y las prácticas atroces en la iglesia. No es ni un rebelde ni un iconoclasta. Si "profetizar" implica desobedecer costumbres tradicionales, prácticas religiosas obsoletas y rituales arraigados que en ocasiones se ven corrompidos por falsas enseñanzas o idolatría, difícilmente le caerá bien a san Ignacio el papel de "profeta"'.