En este artículo, la enseñanza de la Iglesia Católica es vista como un Sacramento universal de Salvación, con el diálogo interreligioso en su centro, en el contexto de la diversidad religiosa. Durante el Concilio Vaticano Segundo, la Iglesia Católica se volvió más consciente de su obligación de servir a toda la humanidad y al mundo al dejar claro que Dios pretendía que la Iglesia de Cristo sirviera a todos.