Quienes encuentran estas dificultades para orar deben hacer frente, honrada y decididamente, a las cuestiones ideológicas que ello les plantea. La única cuestión de que nos ocuparemos en este artículo podría formularse así: ¿Deberán sentirse obligadas estas personas, por honradez intelectual, a renunciar a todo tipo de oración hasta tanto no hayan esclarecido su situación con respecto a Dios?