Cuando hay que encarar el sentido de la muerte, ¿por qué con tanta frecuencia no vemos los problemas básicos? Intelectualizamos respecto a la mortalidad del hombre, pensamos sombríamente sobre las ventajas y desventajas de la eutanasia, expresamos pesar por los millones que mueren de hambre o a causa de desastres naturales, y en seguida volvemos la mirada a otros asuntos. Rara vez o nunca nos detenemos a reflexionar sobre el hecho ineludible de que también nosotros tenemos que morir y que nada puede evitarlo. Ni tampoco nos preguntamos cómo debemos vivir en vista a la inevitabilidad de la muerte, o si hay esperanza más allá de nuestra vida presente.