En el Nuevo Testamento, el nombre de Jesús ha sido la fuente de salvación durante siglos. La doctrina cristiana sostiene que el Cristo resucitado no es sólo un maestro que puede enseñar y cumplir la lógica y el trabajo humanos, sino que también enseña y escucha los deseos del corazón humano. Ciertas personas, que pronuncian oraciones desde lo más profundo de su ser a este ser Divino, reciben la salvación como recompensa.
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