Muchas religiones contemporáneas se preocupan por depender demasiado del corazón y del espíritu. Si bien es cierto que la verdadera religión llega a lo más profundo de la vida y alcanza emociones que nadie más puede, la verdadera marca se encuentra en los resultados. Esto es exactamente lo que dijo Santiago cuando desafió a los primeros creyentes a mostrar su fe en él a través de sus obras.