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245 0 3 _aLa fe mesiánica de Marx
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300 _aNúmero 245 (1993), páginas 143-158
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520 _a"¡No nos enviéis más mesías!", fue el clamor encarecido de D.H. Lawrence. Ahora que estamos reexaminando el curso seguido por el siglo XX, nos damos cuenta exactamente de lo que eso quería decir. El mensaje es claro: Ha habido demasiados falsos mesías. Indujeron a error y llenaron de confusión a la gente llana y sencilla, haciéndole olvidad al único Mesías verdadero. O, más bien, el mensaje no es enteramente lo opuesto. La posibilidad de confusión, ¿no surgió precisamente porque a Cristo se le ha descrito demasiado tiempo con los mismos colores que a esos falsos salvadores? Esos movimientos irreligiosos de los tiempos modernos, ¿deberán se rechazados de plano como voces extrañas, o no nos llegarán como mensajeros involuntarios a una iglesia que ha tirado por sus propios caminos? Y en el mundo moderno ho hay mensaje más significativo que el del original auténtico marxismo. Indudablemente, cuando en 1989 se barrió aquello a lo que el mismo Marx se refería como "crudo e irreflexivo comunismo", se nos hizo posible escuchar con mayor atención y encarecimiento lo que decía esa Voz dentro de la voz
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