000 04312aam a2200313 i 4500
001 768714001
003 CO-MdFUSB
005 20231118132317.0
007 ta
008 231011t20122012ck ||||g |||| 00| 0 spa d
020 _a[No incluye ISBN]
040 _aCO-MdFUSB
_bspa
_cCO-MdFUSB
_dCO-MdFUSBC
_erda
041 _aspa
082 _223
_a220.834
_bM788
100 _aMontgomery, Thomas,
_eautor
245 1 3 _aEl creyente y la ley moral de Dios
_b : los diez mandamientos
_c/ Thomas Montgomery
264 1 _aMedellin, Colombia :
_bFundación IBRC,
_c[2012]
264 4 _c©2012
300 _a226 páginas
_c; 21 cm
336 _2rdacontent
_atexto
_btxt
337 _2rdamedia
_asin mediación
_bn
338 _2rdacarrier
_avolumen
_bnc
505 _aEl primer mandamiento -- El segundo mandamiento -- El tercer mandamiento -- El cuarto mandamiento -- El quinto mandamiento -- El sexto mandamiento -- El séptimo mandamiento -- El octavo mandamiento -- El noveno mandamiento -- El décimo mandamiento -- Iglesia Bautista Reformada.
520 _aEn Resumen: Damos por hecho que la ley obra ira (Rom.4:15). Y, no obstante, al hombre creyente las amenazas legales de condenación ya no le traen ningún terror. Y también damos por hecho que, en el asunto del perdón y la justificación, la ley no significa nada para el creyente puesto que ya fue cumplida en su lugar por Cristo el sustituto. La ley ya no tiene el poder para destruir su paz, atormentar su conciencia o traerlo nuevamente a servidumbre puesto que la ley solo lo puede tocar en estos sentidos por medio de la persona de su sustituto. La justicia en la cual el creyente tiene aceptación ante Dios es la justicia “sin las obras de la ley” (es decir, la justicia perfecta de Cristo o sea su vida perfecta y su muerte, imputadas a la cuenta de creyente). Entonces el pecado que todavía mora en el creyente no le da ningún derecho a la ley para llevar a cabo sus amenazas y sus castigos. Damos por hecho que el creyente está firme solamente por la gracia de Dios. Se regocija en la esperanza de la gloria de Dios con una seguridad tan firme que puede decir: “¿Quién acusará a los escogidos de Dios? y ¿Quién es el que condenará?” (Rom.8:33-34). Todo esto lo afirmamos en la forma más fuerte posible, pero preguntamos ¿qué hay en esto para alejarnos de la ley y para hacernos exentos de la obediencia a ella? ¿No son realizadas todas estas cosas a favor del creyente para colocarlo en una posición en la cual pueda amar y guardar la bendita ley, misma que fue guardada por Jesús? ¿No debería el creyente clamar y desear como los redimidos de los tiempos antiguos, “Ojalá fuesen ordenados mis caminos para guardar tus estatutos”? (Sal.119:5) “No me dejes desviarme de tus mandamientos.” (Sal.119:10) “Me he gozado en el camino de tus testimonios más que en toda riqueza.” (Sal.119:14) “Quebrantada está mi alma de desear tus juicios en todo tiempo.” (Sal.119:20) “Hazme entender el camino de tus mandamientos.” (Sal.119:27) “Por el camino de tus mandamientos correré cuando ensanches mi corazón.” (Sal.119:32) Tanto el Salmo 19 como el Salmo 119 deben resultar muy incómodos para los que creen que el creyente no tiene nada que ver con la ley. ¿Dirán algunos que estos salmos “legalistas” fueron solamente para los creyentes del antiguo pacto? Es importante notar que las objeciones comunes a la observancia del domingo siempre dan a entender que el día es una maldición no una bendición, esclavitud y no servidumbre. De la misma manera las objeciones comunes en contra de la ley dan a entender que es mala y no buena, que es enemiga y no amiga. Para terminar, digan lo que quieran los hombres, la obediencia a la ley es libertad, es armonía y no discordia. El objeto de la ley es el de guardar todo en su lugar apropiado, moviéndose en su curso correcto. Y esto a fin de que la libertad de un hombre no interfiera con la de su prójimo y así cada uno tendrá la cantidad más grande de libertad que las criaturas son capaces de tener sin dañarse a sí mismos o a los demás. La ley no interfiere con a libertad verdadera sino solo con aquella que es falsa.
563 _aRústico
630 0 7 _aBiblia
_xCrítica, interpretación, etc.
942 _cBK
945 _asor1564
999 _c69155
_d69155